martes, 21 de mayo de 2013

PASTORCILLOS DE FÁTIMA

Cerca de Fátima, en Portugal, se encontraba el caserío de Aljustrel, donde vivían familias de campesinos. Eran muchos hermanos y primos, y en una de esas familias vivían Francisco y Jacinta. Como en  el pueblo no había escuela, la madre les enseñaba a todos a leer y escribir. Entre su prima Lucía y su madre, Francisco y Jacinta aprendieron pronto muchas cosas sobre Jesús y el cielo. Lucía era un poco mayor, y pronto empezó a llevar a pastar el rebaño de ovejas que tenía su familia. Jacinta y Francisco querían acompañarla, pero como eran demasiado pequeños, sus padres no les dejaban. Sin embargo, insistieron tanto, que al final accedieron y les dejaron acompañar a Lucía. Así que Lucía, Jacinta y Francisco comenzaron a salir con sus ovejas todos los días. Cuando llegaban a los campos, a primera hora de la mañana, rezaban el Rosario los tres juntos. Así iba pasando el tiempo.

Pero un buen día, en la primavera de 1916, hubo una gran tormenta. Los tres pastorcillos se refugiaron bajo una pequeña cueva, y, de repente, vieron llegar una gran luz. Era un ángel, que les dijo: -No temáis, soy el ángel de la paz. Rezad conmigo: Dios mío, creo, te adoro, espero y te amo. Te pido perdón por aquellos que no te quieren. Rezad siempre así.
Esta visita del ángel se repitió más veces, al cabo de un tiempo. Pero a los tres pastorcillos les encantaba su presencia. No tenían ningún miedo y se encontraban muy a gusto. Comenzaron a rezar cada vez más, y a hacer sacrificios por todas las personas que no se portaban bien. Al final, el 13 de mayo de 1917, ocurrió algo increíble. Vieron un relámpago en el cielo y descubrieron que se trataba de una mujer. Ella les dijo que venía del cielo y que tenían que acudir al mismo sitio seis veces seguidas, el día 13 de cada mes. Jacinta, Francisco y Lucía pensaron que lo mejor sería no contárselo a nadie, pero cuando llegaron a su casa, Jacinta no se pudo contener y lo dijo mientras todos comían. Al principio nadie les creía; sin embargo, al ver que los niños insistían, comenzaron a acompañarlos los días 13 de cada mes, por si ellos también podían ver a la Virgen. Ella siempre les decía que rezasen el Rosario y que fueran buenos. Además, les prometió que el día 13 de octubre haría un milagro para que todo el mundo los creyese. Y así ocurrió. El 13 de octubre, muchas personas que hasta allí se desplazaron pudieron comprobar que los niños no mentían. La Virgen les había dicho que Jacinta y Francisco se reunirían pronto con ella, y así fue. Los dos niños murieron muy pronto, pero Lucía se quedó con nosotros en una vida dedicada a Dios.

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