domingo, 24 de noviembre de 2013

UN BONITO CUENTO DE NAVIDAD

Se dice que, cuando los pastores se alejaron y volvió la quietud, el Niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando de vergüenza.
Acércate, le dijo Jesús, ¿por qué tienes miedo?
No me atrevo... no tengo nada para darte... nada; si tuviera algo mío, te lo daría...
Mira, dijo el niño, me gustaría que me hicieras tres regalos.
Con mucho gusto, dijo el muchacho, pero ¿qué?
El último de tus dibujos. El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José le oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús.
No puedo... mi dibujo es muy malo... ¡nadie quiere mirarlo!
Justamente, por eso yo lo quiero... Siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.
Pero... ¡lo rompí esta mañana!, tartamudeo el chico.
Por eso lo quiero... Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo... Y ahora, insistió Jesús, repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato. El rostro del muchacho se ensombreció; bajó la cabeza avergonzado y murmuró: les
mentí... dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era cierto... ¡Estaba enfadado y lo tiré con rabia!
Eso es lo que quería oírte decir, dijo Jesús. Dame siempre lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías y tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas... No tienes necesidad de guardarlas... Quiero que seas feliz y voy a perdonarte tus faltas siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario